PAQUI ARIAS EN TU JARDIN

¿Cómo surge tu pasión por la naturaleza y el paisajismo? ¿Dónde te formaste?
Entré en la jardinería por un camino largo. Amante de los libros, la escritura y los viajes, mi primera carrera fue el periodismo. Circunstancias de la vida me llevaron a vivir al campo, ambiente en el que también había pasado mi infancia. Pero ya no era un campo de naturaleza exuberante, salvaje y de grandes contrastes topográficos como la del Norte argentino, sino uno que me producía vértigo horizontal: la pampa.

Acostumbrada a árboles estridentes como los lapachos, tarcos, yuchanes y ceibos, no podía encontrar la belleza austera del tala. Habiendo visto crecer las plantas por metro, me decepcionaba ver que mis plantas no progresaran. El viento intenso, las heladas que rompen las cañerías y la falta de ese calor subtropical al que estaba acostumbrada eran mis molinos de viento.

Tras prueba-error, prueba-error, logré que crecieran algunas especies, pero aún así mi jardín era un páramo. “Me gusta el paisaje natural”, me consolaba, pero notaba que además de estudiar y practicar técnicas de plantación, mantenimiento y poder reconocer qué especies se adaptan a cada sitio, necesitaba aprender sobre diseño para dominar el espacio. En ese clima seguir intentando con el sistema prueba-error podía ser demasiado largo.

Me inscribí en Pampa Infinita-John Brookes School of Garden Design, cuyo director es uno de los paisajistas que más ha influido en el mundo a través de su escuela y sus libros.

¿Qué es lo que más te gusta del paisajismo?
Disfruto tanto la etapa del diseño como de ejecución. En la primera es el momento de abstracción. No pienso en plantas ni en colores, solo en formas, llenos y vacíos, ritmos. Juego. Pero también me apasiona estar en el campo, manos en tierra, sentir el viento, la lluvia, imaginarme los árboles ya crecidos y los espacios con sus futuras vivencias que estoy creando. Pensamiento y acción: no podría limitarme a sólo un aspecto.

¿En esta disciplina, cuál es tu especialidad?
Los últimos años trabajé mucho en espacios grandes, campos no sólo enormes por sus dimensiones, sino que muchos de ellos en medio de la pampa, donde el límite es el cielo. Allí trabajé mucho con el naturalismo, una tendencia que no sólo intenta usar la mayor cantidad de especies nativas con valor ornamental (para lo cual hice relevamientos especiales), sino que se trabaja con mayor densidad de plantas para reducir el mantenimiento, entre otros conceptos. Al trabajar en campos y bodegas productivas es muy importante pensar muy bien los espacios y la circulación funcional: lo estético no puede ser un obstáculo para el trabajo.

¿Como diseñadora, qué es lo primero que le preguntás a una persona que recurre a vos?
Qué es para esa persona un jardín. Qué se imagina, cómo va a usarlo y cómo cree que va a usarlo su familia. Como decía Thomas Church, uno de los precursores del paisajismo contemporáneo, “gardens are for people” (los jardines son para la gente).

¿Cómo se complementan el arquitecto y el paisajista a la hora de diseñar un nuevo espacio?
Es como un matrimonio, en el que cada profesional tiene su ámbito, pero es fundamental que exista una comunicación entre ambos para potenciarse. Es muy bueno poder pensar en conjunto los espacios que unen el adentro con el afuera, es decir la zona de transición, como terrazas, entradas, patios, etc. para luego no tener que deshacer. Si en cambio se empieza a trabajar sobre una casa que ya fue construida, hay que respetar el estilo y las líneas de la arquitectura: la casa es la parte más importante de cualquier jardín, no puede ignorarse. Es casi siempre la estructura más grande, más dominante. El viaje comienza con la casa y por lo tanto, cualquier diseño de jardín, siempre debe empezar desde el edificio y trabajar hacia el exterior.

¿Qué tips le darías a una persona que quiere diseñar su jardín y no sabe por dónde empezar?
Mirar: aprender a mirar, en micro y en macro: desde el comportamiento de cada planta en distintas situaciones al conjunto de un todo y de sus partes. Evaluar: porqué funciona cierta combinación, porqué me hace ruido cierto elemento, etc. Y paciencia: en jardinería no podemos esperar resultados inmediatos, lograr un buen jardín puede llevar años, y hay que saber disfrutar el mientras tanto.

¿En qué consisten tus talleres?
Los talleres tienen una parte teórica –pero que es muy práctica- donde trabajamos sobre tres áreas: botánica (aprender a identificar especies, géneros, comportamientos de cada uno, distribución, etc.); jardinería (multiplicación, plantación, podas, sanidad, etc.) y diseño (poder interpretar un plano y dibujar líneas que sean no sólo armónicas sino también coherentes con el espacio, combinación de formas y colores, etc.). Y una parte mucho más práctica que consiste en recorrer el jardín de la anfitriona (el taller se llama “En tu jardín”) y poder resolver in situ los problemas, dudas o necesidades puntuales de ese jardín. El resto de la clase no se queda mirando, ya que todos podemos aprender de los aciertos y los errores del jardín visitado, además, al ser siempre en un lugar distinto las posibilidades de aprendizaje son mayores.