UNA VIDA DEDICADA AL VINO

Oriundo de Mendoza y flamante licenciado en enología, José Luis llegó a Salta en 1986 junto con su mujer y la mayor de sus hijas. Tenía 26 años y acababa de ser contratado por bodegas Etchart. En ese entonces, ni él ni los Valles Calchaquíes se imaginaban que su labor iba a ser tan clave en el crecimiento de las bodegas y en la gran valoración que tienen sus vinos en el país y en el mundo.

José Luis tiene su propia bodega pero además, asesora a otras bodegas de la zona como Bodega Tukma.

¿Cuál es tu mayor desafío actualmente?

Sin dudas, hacer muy buenos vinos para el consumidor, que expresen lo que la naturaleza nos da y tener una intervención mínima para no modificarlo, trabajando muchísimo en el viñedo y estar muy atento a la marcha climática de cada año.

¿Para qué bodegas trabajas?

Actualmente trabajo para Finca Quara, Bodega Tukma, Bodega Jose Luis Mounier/Finca Las Nubes y asesoramientos puntuales a El Nogalar en Tucumán y durante la vinificación a Zuccardi, Catena, Fecovita y un nuevo proyecto en Bolivia.

¿Cómo describís tu trabajo en bodega Tukma?

Desde su inicio, mi trabajo en la bodega fue siempre acompañar la elaboración de vinos de segmento alto. Estamos trabajando mucho en el viñedo y ampliando e incorporando nueva tecnología en la bodega. El objetivo es mejorar la calidad de los vinos, escuchando siempre las voces objetivas del mercado nacional e internacional. Es una empresa familiar y tengo muy buena relación con los accionistas. En las reuniones siempre se pude hablar de todo, no sólo de la viña y el vino, sino también de las etiquetas, mercados, proyección a futuro, precios ,etc.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu profesión?

Disfruto cada etapa, desde caminar en la mañana temprano por el viñedo, la brotación, los aromas de las flores de cada variedad. Luego degustar las uvas viendo su evolución desde el envero y hasta la cosecha, etapa esta que me recuerda cuando era niño y con mis padres íbamos en familia a cosechar. Los aromas, el rocío, la fatiga y también la alegría de vendimiar los frutos de un año de trabajo y esfuerzo. La vinificación me genera una sensación especial: trabajar con el equipo, el olor a fermentación, degustar los caldos, como si cada vendimia fuera la primera, con ansiedad y algunos temores también, pero siempre confiando en Dios que los vinos serán muy buenos. Por supuesto disfruto de la cata de los vinos, no sólo los que elaboro sino de otras bodegas y regiones del mundo, si es en familia y con amigos mejor aún. El vino es para compartir.

¿Cómo definís tu estilo de hacer vinos?

Como soy muy exigente en cada una de las etapas y atento a las tendencias del mercado, trato de que mis vinos se expresen con fuerza y claridad en cada uno de los sentidos. “Que sean ricos y que se disfruten“.

¿A quién admirás en el mundo del vino?

Admiro a mis colegas que son muy trabajadores e inquietos, que siempre tienen algo honesto para compartir. Puedo mencionar a Michel Rolland, Jorge Riccitelli, Rodolfo Montenegro, Pepe Galante, Alejandro Sejanovich, Marcelo Pelleriti, Daniel Pi y Agrónomos como Marcelo Canatella, Pedro Marchesky, Carlos Tizio, Mariano Bustos, entre otros.

¿Si fueras un vino, cual serías?

Uno siempre quiere ser una buena persona y es algo que cada día le pido a Dios. En definitiva, un buen hijo, un buen esposo, un buen padre, un buen abuelo, un buen ciudadano, un buen amigo, un buen vecino. Con esto es más fácil ser un buen profesional, con el ego controlado, con todo esto debo decir que me gustan los vinos de corte, donde cada variedad aporta lo mejor, tanto en blancos como en tintos.

¿Cuál es tu vino preferido y cómo lo acompañas?

Como decía, me gustan los vinos de corte: la humildad del Malbec, la personalidad del Cabernet Sauvignon, la frescura del Cabernet Franc, la fuerza del Petit Verdot y el músculo del Tannat, con la madera justa y con varios años de guarda. Lo compartiría con una cena romántica con mi esposa en un buen restaurant.